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Lidia Gutierrez

Con visión en los negocios

Lidia Gutiérrez lleva el emprendimiento en sus venas. Inculcada por sus padres para el mundo de los negocios, viajó a Estados Unidos en el año 2000 para seguir plasmando  sus sueños.  Desde su estadía en Norteamérica, ha incursionado satisfactoriamente en diversos negocios, siendo incluso a ser una de las fundadoras del Consejo de Consulta en New York, y miembro activo de la Cámara de Comercio de Long Island, entre otras incursiones de gran relevancia. Mientras continua con más emprendimientos, también compite por el “Premio Orgullo Peruano 2014” en la categoría “Compatriota Emprendedora”.

Lidia Gutiérrez  luego de culminar sus estudios en la G.U.E. Isabel La católica de la Victoria (Lima) siguió secretariado ejecutivo con visión e inclinación a los negocios.

Sus padres eran muy emprendedores y buenos negociantes, y a la vez, muy generosos con las personas, especialmente con los amigos o paisanos. Justamente, Lidia reconoce que su particular inclinación por los negocios le fueron inculcados por sus padres quienes incluso la pusieron al frente de un negocio familiar. Luego pondría una oficina de compra y venta de moneda extranjera, el cual le iba muy bien, pero con el “fujishock” (reajuste económico de 1990), cayó el negocio y tuvo que migrar a Estados Unidos.

Emprendiendo en EE.UU.  

En el año 2000 Lidia arribó a Estados Unidos, New York (Long Island- Sulfook-  Brentwood) con sus sueños de emprendedora nata al país de las oportunidades. Poco a poco fue constatando que nada era fácil en tierras nuevas, pues había que convivir con otra cultura e idioma distinto.

Después de realizar varias tareas puso un pequeño negocio con joyas de oro y plata, y en paralelo desarrollaba la venta de perfumería y artículos de belleza Mary Key. En ambas iniciativas le fue muy bien. El éxito de su gestión la llevó a ser elegida en el 2005 como la mejor vendedora del año, tiempo en el que a la vez trabajaba en una fábrica.

Tres años después fundó con otros emprendedores el Consejo de Consulta en New York. Siempre pensó que el puente entre el Consulado y los compatriotas es muy beneficioso; es un acercamiento importante.

La vocación participativa también la llevó a ser miembro activo de la Cámara de Comercio de Long Island, New York en el año 2010. Luego, en el 2012 formó con otros visionarios el Comité Cívico de  Brentwwod, Long Island. Y al año siguiente, participó en el grupo de la Divina Misericordia de Brentwood, lo cual acrecentó su fe y compromiso con el prójimo. “Hace mucha falta la espiritualidad en este mundo cambiante”, asevera.

Presente auspicioso

En este año se en encuentran actuando y tramitando “Casa Perú” o Peruvian House  en Brentwood, donde reside con un equipo interdisciplinario de profesionales peruanos la cual preside. Los cargos se realizan en forma horizontal. Todos son directores y actuantes a la vez, por el bien de los compatriotas e hispanos de otra nacionalidad.

El programa de la iniciativa se basa esencialmente en la prevención en la salud alimentaria de los niños, evitando la obesidad. Ya se han empezado con talleres sobre migración. Así, se preocupa de cómo debe actuar un migrante conociendo sus derechos como persona, adaptándonos e integrándonos al país de acogida. En suma se preocupa por el estado emocional del migrante.

Actualmente Lidia se dedica al comercio al exterior de productos andinos como la quinua, chía y granos (orégano y otros) a los Estados Unidos. Su preocupación es la prevención en la alimentación ante el aumento de la obesidad por la mala alimentación y pésimos alimentos. “Estamos en un equipo interdisciplinario con psicólogas, nutricionistas y otras especialistas”, añade la peruana.

No todo es trabajar

Lidia Gutiérrez  aconseja a los peruanos que residen en el exterior que trabajen pero que tengan una calidad de vida con menos estrés. Refiere que “no solo es trabajar y trabajar, sino también reunirse y compartir con otras personas y vivir en un ambiente agradable”.

Por ello, no coincide con aquellos que juntan dinero para volverse al país de origen, sin saber algunas veces si se volverá o no. A la vez, se debe disfrutar de los éxitos y bienes materiales sin egoísmo ni individualismo. “Algunas veces aquí, los seres humanos no necesitan cosas materiales, solo una palabra de aliento de consolación, de guía, tener una vida espiritual”. En suma, “hay que enseñar a nuestros hijos la solidaridad y la caridad en el amor”, puntualizó.